Tortugas sonoras de América Central
Nota 016
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Los caparazones de tortuga han sido empleados largamente en los cinco continentes como materia prima para la elaboración de distintos tipos de instrumentos musicales.
En Panamá, los Emberá o Ëpërá (Comarca Emberá-Wounaan y provincia de Darién) ejecutan el chimiguí, un caparazón percutido con una baqueta de madera, mientras que los Ngäbe o Guaymí (Comarca Ngäbe-Buglé y provincias de Bocas del Toro, Veraguas y Chiriquí) emplean la ñelé, que lleva cera untada en el borde del cuello y se frota con el borde de la mano, desde la muñeca hasta la punta de los dedos. Esta última, también llamada guelekuada o seracuata, es uno de los principales instrumentos de la balsería o krun (celebración que facilita la reunión de las distintas comunidades), y está asociada con un mito referente al primero de estos rituales, según Gonzalo Brenes Candanedo. El mismo autor señala que los Kuna se sirven del morrogala en la danza ceremonial del corte de pelo de la niña púber.
Más al norte, los Garífuna de las costas del Caribe (Belice, Guatemala, Nicaragua y Honduras) emplean un elemento parecido, el taguel bugudura. Algo similar ocurre con los vecinos Miskito del Caribe hondureño y su kuswataya, literalmente, "piel de tortuga de agua dulce", que se interpreta de idéntica manera usando una baqueta, un clavo largo o, en ocasiones, un cuerno de venado. Muy cerca, en la Mosquitia hondureña, los Tawahka utilizan el cuahuntak.
A lo largo y ancho de Guatemala se escucha el tucutítutu o tucutícutu, nombre onomatopéyico para el caparazón de tortuga percutida sobre todo durante "las Posadas", fiestas populares que tienen lugar los nueve días previos a la Navidad, acompañando la interpretación de villancicos.
Más información sobre estos artefactos sonoros puede encontrarse en el libro digital de acceso libre Caparazones de tortuga en la música tradicional latinoamericana, accesible a través de la sección "Libros digitales sobre música. Serie 1".