Tortugas sonoras de Bolivia y Perú
Nota 013
Inicio > Blog Bitácora de un músico > Nota 013
Los caparazones de tortuga han sido empleados largamente en los cinco continentes como materia prima para la elaboración de distintos tipos de instrumentos musicales.
En Bolivia, según Marcelo Bórmida, los Ayoreo del departamento de Santa Cruz utilizan los caparazones (generalmente de tortuga terrestre patagónica, Chelonoidis chilensis y de galápago chaqueño, Acanthochelys pallidpectoris, pero también de Chelonoidis carbonaria y de tortuga terrestre de patas amarillas, Chelonoidis denticulata) para confeccionar "cascabeles" orohoró a los que proveen de un badajo de palo santo (Bulnesia sarmientoi); los cazadores Ayoreo los llevan colgados a la cintura para comunicarse entre sí, y porque creen que llevar partes de tortuga encima los hace más sigilosos. También está presente en la fiesta de Asohsná (una de las escasas ceremonias de culto religioso realizadas por este pueblo), para entrar y salir del campamento. Se dice que el "cascabel" es macho o hembra de acuerdo al sexo de la tortuga, que puede diferenciarse gracias a la forma del peto (el de la hembra es plano y el del macho está hundido).
En el departamento de Beni, Ernesto Cavour cita el "resonador de peta", caparazón completo de tortuga de río (peta, en el oriente boliviano) percutido con una baqueta de hueso o frotado con cera de abeja.
En Perú, los Culina o Madija del alto Purús y Santa Rosa, en el departamento de Ucayali, interpretan el teteco, un caparazón de motelo (tortuga terrestre de patas amarillas, Chelonoidis denticulata) con un extremo untado con resina de árbol cacaraba (Inga feuilleei) que se frota. Su sonido acompaña a una flauta de Pan, las api, hecha de 2 tubos de caña.
Más información sobre estos artefactos sonoros puede encontrarse en el libro digital de acceso libre Caparazones de tortuga en la música tradicional latinoamericana, accesible a través de la sección "Libros digitales sobre música. Serie 1".