Las tijeras en la Danza de las Tijeras
Apunte 015
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El sonido de la danza
La Danza de las Tijeras suele describirse a través de lo primero que llama la atención: movimientos exigentes, saltos, giros, equilibrios, una competencia ritualizada, y las tijeras de metal que sostiene el bailarín mientras un violinista y un arpista tocan.
Esta descripción es útil, pero deja algo importante oculto a medias. La danza no solo se ve, sino que también se escucha a través de las manos del bailarín.
Las tijeras son objetos pequeños, pero importantes. Integran al que danza en la música. Al golpear las hojas de metal mientras se mueve, el bailarín produce una capa rítmica nítida que une el violín, el arpa, los pies, el cuerpo y la atención del público. Por lo tanto, el bailarín no solo se mueve al ritmo de la música, sino que también forma parte de ella.
Por eso, las tijeras merecen ser consideradas como instrumentos musicales. Son portátiles, de construcción sencilla y con un registro limitado, pero no por ello menos importantes. Su sonido contribuye a definir la presencia del ejecutante en la representación.
Dos hojas como objeto sonoro
Las "tijeras" utilizadas en la Danza de las Tijeras (también conocida como Danza o Baile de Tijeras) no lo son en el sentido convencional. Consisten en dos hojas metálicas separadas, que el bailarín suele sujetar con la mano derecha y golpear entre sí. En la práctica su propósito no es el corte, sino el sonido.
Desde el punto de vista organológico, pueden entenderse como idiófonos de concusión: instrumentos en los que dos partes del mismo material se golpean entre sí, produciendo sonido mediante la vibración del propio cuerpo. En este caso, metal toca metal, y el resultado es breve, seco y de articulación nítida.
El sonido tiene poca resonancia. No hay caja, ni membrana, ni cuerda, ni desarrollo melódico. Lo que importa es el ataque, el ritmo y la claridad. Cada golpe produce un pequeño evento rítmico directamente ligado al movimiento del danzarín. Esa conexión es crucial. Las tijeras no se tocan al margen de la danza. Su sonido emerge mientras el bailarín gira, se inclina, da pasos, salta, mantiene el equilibrio o se prepara para otro movimiento. El ritmo es producido por un cuerpo que ya está sometido a un esfuerzo físico.
Arpa, violín y acompañamiento
La Danza de las Tijeras se interpreta con acompañamiento de violín y arpa. Sin embargo, el término "acompañamiento" debe usarse con precaución. Puede hacer que los músicos parezcan un mero apoyo para un espectáculo visual, cuando la interpretación es mucho más compleja.
El violín y el arpa proporcionan, en efecto, gran parte del marco melódico, armónico y rítmico. Dan forma al espacio musical en el que actúa el bailarín. Su presencia también refleja la larga incorporación de instrumentos europeos a la vida musical andina, donde se integraron a los sistemas expresivos locales en lugar de ser simples añadidos foráneos.
Las tijeras ocupan otro lugar dentro de ese universo sonoro. Añaden una capa metálica producida por el bailarín. Por lo tanto, el conjunto no se limita a instrumentos de cuerda frotada y pulsada. También incluye el golpeteo de metal, el juego de pies, el movimiento y la respuesta del público.
El bailarín no permanece en silencio dentro de la música. A través de las tijeras, contribuye al sonido de la actuación.
Movimiento audible
La Danza de las Tijeras se suele analizar en términos de agilidad, resistencia y competición. Estos elementos son importantes, aunque el lenguaje de la "acrobacia" puede resultar simplista si desvincula los movimientos de su contexto ritual, comunitario e histórico.
Los movimientos del que danza se despliegan ante un público. Se observan la habilidad, la resistencia, la precisión, la reputación y el control. Las tijeras añaden otra dimensión a esa evaluación pública, ya que el bailarín debe mantener el sonido de las hojas mientras se mueve.
Un salto, un giro, una flexión, un equilibrio o un descenso no es, por lo tanto, solo una acción visible. Deja una huella sonora. El ritmo metálico hace audible el compás del bailarín. Si el movimiento pierde estabilidad, el sonido puede revelarlo. Si la mano se debilita, el ritmo cambia. Si la coordinación falla, las tijeras pueden traicionar al cuerpo.
Las tijeras no explican la danza por sí solas. Son solo una parte de una representación más amplia que involucra a músicos, bailarines, la comunidad, la competencia y el entorno. Pero hacen que un aspecto de la danza sea inusualmente claro: el movimiento aquí no solo se realiza en el espacio, sino que también se marca con el sonido.
La acústica de un pequeño instrumento de metal
El sonido de las tijeras es discreto, pero efectivo. El contacto metal con metal produce un transitorio agudo: un sonido con un ataque claro y una breve caída. No necesita resonancia para ser percibido. Destaca por ser breve, brillante y preciso.
Esto es importante en entornos de actuación abiertos, donde la danza puede tener lugar al aire libre, entre voces, movimiento, distancia, viento y otros sonidos ambientales. Un pequeño instrumento de metal puede permanecer perceptible porque su sonido es concentrado.
Las tijeras no dominan el conjunto. Su importancia reside en otro lugar. Marcan la posición del bailarín. Lo ubican con una señal metálica recurrente. Le dan al cuerpo un contorno acústico pequeño pero persistente.
Por qué las tijeras son importantes desde el punto de vista organológico
Las tijeras son útiles para la organología porque muestran los límites de la clasificación por sí sola. Llamarlas idiófonos de concusión nos dice cómo producen sonido, pero no por qué son importantes en la danza.
Su importancia radica en la forma en que conectan sonido y movimiento. Son instrumentos rítmicos, pero su ritmo se produce bajo presión física. Son idiófonos de mano, pero su sonido depende de todo el cuerpo. Son objetos simples, pero reúnen varias dimensiones a la vez: música, gesto, competencia, riesgo, resistencia y atención del público.
También complican la habitual separación entre bailarín y músico. El bailarín no toca como el violinista o el arpista, pero sí produce sonido como parte del conjunto. El instrumento le otorga al bailarín una voz percusiva.
Las tijeras de la Danza de las Tijeras son importantes porque hacen audible el movimiento. Demuestran que un instrumento no necesita un amplio registro melódico, complejidad armónica ni gran resonancia para dar forma a una interpretación. A veces, dos piezas de metal, golpeadas en el momento preciso por un cuerpo que se mueve, son suficientes para transformar la percepción auditiva de toda una danza.
Lecturas
- Arce Sotelo, Manuel. 2006. La danza de tijeras y el violín de Lucanas. Lima: Fondo Editorial PUCP / Instituto Francés de Estudios Andinos.
- Núñez Rebaza, Lucy. 1990. Los dansaq. Lima: Museo Nacional de la Cultura Peruana / Instituto Nacional de Cultura.
Video. Del usuario de YouTube Renzo Vignati Llosa.