Bitácora de un músico. El blog de Instrumentarium. Apunte 008. Por Edgardo Civallero

La chirimía en Cauca

Apunte 008


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Un nombre que viajó

En la península Ibérica, a finales de la Edad Media, la chirimía era un instrumento claramente identificable: un aerófono de lengüeta doble, de sonido potente, perteneciente a la familia de los oboes. De tubo cónico, pabellón acampanado y gran proyección, se utilizaba al aire libre en eventos cívicos y ceremoniales. En términos modernos, se corresponde con la clasificación Hornbostel-Sachs 422.111.2.

Cuando la palabra cruzó el Atlántico con la expansión colonial española, conservó ese significado. Lo que no conservó fue la estabilidad.

 

El instrumento que no sobrevivió

En el departamento del Cauca, al suroeste de Colombia, la palabra chirimía aún se usa. Sin embargo, el instrumento al que solía referirse ya no.

Allí, chirimía designa una flauta travesera. Generalmente se hace de caña, aunque hoy en día también se puede construir con tubos de PVC o metal. Tiene orificios de digitación, carece de lengüeta y no guarda relación estructural ninguna con la chirimía ibérica. Organológicamente, pertenece a la familia de las flautas de embocadura lateral.

El conjunto que la acompaña incluye percusión: tambora, redoblante, guacharaca, maracas y, a veces, bombo. La flauta lidera, y la percusión impulsa. El sonido es dinámico, diseñado para el movimiento al aire libre, para procesiones y festividades.

El término trasciende el instrumento. Nombra al conjunto, al repertorio y, a menudo, al evento mismo. Lo que perdura no es la morfología, sino la palabra.

 

Nomenclatura colonial sin precisión

Este cambio no es una anomalía aislada. Las primeras fuentes coloniales muestran un patrón constante: términos europeos asignados a objetos sonoros desconocidos, prestando una escasa atención a cualquier precisión estructural.

Palabras como "flauta", "trompeta" o "chirimía" aparecen en crónicas, registros administrativos y documentos eclesiásticos de toda Hispanoamérica. En algunos casos, se refieren claramente a instrumentos importados. En otros, describen aerófonos indígenas o afrodescendientes que no se ajustan a la organología europea.

Robert Stevenson documenta la presencia de chirimías en las nóminas de las catedrales de México y Perú, interpretadas a menudo por músicos indígenas dentro de conjuntos litúrgicos. Estas podían ser chirimías europeas, variantes de fabricación local o una combinación de ambas. Los documentos rara vez especifican detalles de construcción.

La terminología funciona como una aproximación. Nombra lo que el observador escucha en relación con lo que ya sabe.

En Cauca, el término chirimía se ancló a una realidad sonora propia. Las comunidades adoptaron la palabra y la integraron a su propio léxico musical. El referente original desapareció, pero la etiqueta permanece, ahora asociada a un nuevo instrumento y una nueva estructura de conjunto.

La palabra dejó de describir una morfología específica y comienza a designar una práctica.

 

Sonido más allá de la etimología

Los trabajos etnomusicológicos en Colombia, incluyendo los de Egberto Bermúdez y Carlos Miñana, sitúan las chirimías del Cauca dentro de contextos festivos afrocolombianos e indígenas. Estos conjuntos se utilizan en procesiones, fiestas patronales y celebraciones públicas.

La flauta articula frases melódicas cortas. La percusión crea densas capas rítmicas. El sonido es continuo, insistente, diseñado para acompañar el movimiento corporal en el espacio.

Ningún elemento de esta configuración depende de una lengüeta.

El nombre conserva un vestigio del encuentro colonial. Pero ahora el sonido pertenece a un sistema completamente diferente.

 

La clasificación se rompe

Desde una perspectiva organológica, esto genera fricción.

Los sistemas de clasificación presuponen cierta correspondencia entre nombre y estructura. "Chirimía" rompe con esa suposición. El mismo término puede referirse a un oboe cónico de doble lengüeta en la península Ibérica o a un conjunto de flautas de embocadura lateral en Colombia.

Para trabajar con el término históricamente, es necesario desambiguar de manera constante. El archivo no garantiza la claridad. Requiere interpretación.

Lo que se conserva en el nombre no es el instrumento en sí, sino una capa de memoria histórica.

 

Lo que perdura

La chirimía del Cauca demuestra que los nombres no necesariamente reflejan la realidad acústica. Pueden desprenderse, evolucionar y volver a unirse a nuevas formas sin perder autoridad.

La lengüeta doble desaparece. La etiqueta permanece.

Y una vez que se asienta, comienza a definir el sonido que nombra.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.
Fecha de publicación: 08.04.2026.
Imagen: Ruta de la Chirimía Caucana, un camino hacia el reconocimiento cultural. En Radio Nacional de Colombia [enlace].